Paco de Lucia

Hoy se va a escribir mucho sobre su música, pasaremos días recordándolo, aparecerán las declaraciones de sus compañeros y amigos, comentarios alabando su legado y lamentando su pérdida. Todo será poco. No abarcaremos suficiente.

Por mi parte me veo incapacitado intentando expresar aquí lo que su forma de tocar producía, lo que era capaz de expresar. Todo el que le haya escuchado alguna vez, llorará hoy su perdida.

Hablamos del más grande, del que va a dejar un hueco enorme que no se va a poder llenar, tan solo tapar con su recuerdo. Hoy a muerto Paco de Lucia, Francisco Sánchez Rodríguez, natural de Algeciras y universal para siempre.

Yo sólo soy un humilde aficionado, alguien que durante años vibró con todo lo que salía de su guitarra. Y debo reconocer que llegué a valorarlo plenamente con el tiempo. Porque sólo con el tiempo uno puede darse cuenta que el flamenco, junto con el jazz, son las músicas más elevadas que se pueden escuchar.

Mi primera experiencia real y cruda con este arte fue a los 19 años. Por entonces estudiaba en Córdoba y compartía residencia con un Sevillano muy juerguista que nos llevó de marcha por su ciudad querida. De garito en garito devoramos toda la noche hasta que al amanecer nos dijo – Os voy a llevar a algo bueno-

Con las primeras luces del día aparecimos en una barriada gitana. Por mis adentros pensé que de allí no salíamos enteros. Y después de atravesar unas cuantas calles acabamos en un bareto cutre donde en la terraza de la puerta había dos gitanos con pinta de llevar toda la noche de excesos y juerga.

Uno tocaba la guitarra y con la melena se tapaba la cara, sonaba de forma irregular, como si probara cosas nuevas. El otro, con el pelo largo, gafas de sol, y el whisky sobre la mesa, canturreaba entre tanto.

Allí nos tomamos unas cervezas y escuchamos un rato hasta que nos fuimos. Por entonces para mi el flamenco era algo que cantaban los gitanos. Una música folclórica y chillona. No supe valorar y entender aquello. Esos dos melenudos personajes que indiferentemente había tenido a unos metros eran ni mas ni menos que Tomatito y Camarón de la Isla.

Pasó el tiempo y aquello quedó como algo anecdótico. Hasta que gracias a un amigo llegaron a mis manos unas cintas magnéticas de Paco de Lucia con Camarón.

Desde aquel momento algo cambió en mi, y durante años he escuchado, adsorbido y elevado mi alma con el flamenco como con ninguna otra música.

Incontables horas son las que he pasado oyendo a Paco.

Incluso recuerdo durante viajes por el mundo, en lugares insospechados escuchar su magia y prender en mi desde lo más profundo una sensaciones, que como he dicho antes, me veo incapaz de expresar aquí.

Se dice que la música es la más elevada de las artes porque es capaz de evadir al que la escucha, es capaz de llevarte a una ensoñación consciente imposible de alcanzar de otra manera. A mi el flamenco, y en especial dejarme llevar por Paco de Lucia, me produce todo eso.

Hoy perdemos algo grande, y aún gigante, aún es mayor la pedida porque le maestro trabajaba en nuevas composiciones que provocarían como tantas otras anteriores un antes y un después. ¡ Tantas veces se ha dicho eso de él y tantas veces se ha reinventado !

Estas humildes palabras y la tristeza que me deja serán mi recuerdo. Como decía él, los conciertos pasan, solo las grabaciones perduran y suyas tenemos muchas.

Hasta siempre maestro universal.

Madrid 26 de Febrero de 2014

Discurso de Paco de Lucia en Berklee, Doctor Honoris Causa. Primer español en serlo, le novel de la música.

“Cuando yo era un niño, el flamenco era solo la música de mi gente, del pueblo andaluz. La música de los patios, de las noches sin fin, del vino y la pobreza. Era la música de mi padre que solía regresar al amanecer con la guitarra a la espalda y dos duros en los bolsillos, lo suficiente para nuestro aceite de oliva y pan para el desayuno. Era también la música de mis vecinos, su consuelo, sus recuerdos y a veces, era el espectáculo curioso que organizaban en sus casas los caballeros del sur –señoritos- en sus fiestas. Eso era todo. Ahora ese sonido se ha extendido por todo el mundo, incluyendo aquí en Berklee. Hoy el flamenco, se honra en las mas importantes escuelas de música del mundo. No puedo más que sentir que , más allá del orgullo y el honor, esta celebración es un triunfo de la revolución. Gracias, muchas gracias por este honor. Legitima las cosas que he estado defendiendo toda mi vida. Cuando se es reconocido por le conocimiento y el entendimiento nadie lo pone en duda. Muchas Gracias”