El tren del pasado

Yo fui el último en llegar

Yo he sido de los últimos en llegar, pero aún encontré a un Luciano vital que seguía llamándonos  -“perrazos, sois unos perrazos”, porque nos había adelantado alguien o no íbamos en cabeza de la flota. 

Recuerdo como si fuera ayer cuando me preguntó al verme recoger apresuradamente todas mis cosas si yo era – “un hombre liberado”. La regata se había demorado por la falta de viento y teníamos que correr para tomar un avión que nos devolvería a nuestra rutina del día a día. Luciano lo era, y había vivido así siempre;  yo, con mis prisas, sin duda que no. No podía presumir como él de hacer lo que realmente deseaba.

La noche antes, mientras el tocaor flamenco nos deleitaba con su arte, él, sin avisar, de improviso, se había arrancado con una coplilla antigua, de esas que siempre han existido y que el mundo moderno se empeña en olvidar.

Recuerdo también verlo en su asiento de estribor, justo en la entrada de la cabina, observado como manipulábamos, hacíamos crujir y llevábamos al límite su barco, el Argos, un clásico… con el pitillo colgado, como los hombres de antes, los de verdad, como él decía.

Yo he sido de los últimos en llegar y siempre he encontrado a Luciano a bordo. A partir de ahora cuando pise la cubierta, acaricie sus recios cabos o agarre con fuerza la rueda del timón, lo sentiré mas que nunca. Por que tendré entre mis manos a un clásico, sentiré su presencia, estará a mi lado. El Argos y él son uno y así seguirán. Cuando cierre los ojos, entre ola y ola, podré oírle, verle ahí sentado.

Yo he sido de los últimos en llegar y siempre encontraré a Luciano a bordo…

Alberto,  7-2013