LLuvia en el Caribe

Lluvia en el Caribe

Escribe su nombre en tu buscador de internet. Ojea folletos de viajes o curiosea en el imaginario colectivo. Se te mostrarán idílicas postales de playas blancas y aguas turquesas. Todo colorido y bajo un sol luminoso, vertical, que todo lo inunda. Estarás investigando acerca del Caribe. Ese mar que tantas connotaciones tiene para los turistas occidentales ávidos de calor y sol; sobre todo ahora que el frío acecha tras la ventana en nuestras grises latitudes.

Lo que nunca cuentan en estas informaciones interesadas es que el Caribe, y en especial su costa continental, pasa todos los años por un periodo húmedo que dura varios meses. Doy fe de ello, no para de llover. Cae de todas las maneras: torrencial, suave, de lado, en tormenta, etc. Y llega a ser desesperante. Disuelve el ánimo del más fuerte.

Donde más precipitaciones se producen son las costas que van desde la península del Yucatán hasta Colombia. Los vientos alisios del noreste cargados de humedad chocan contra las laderas y descargan miles de litros. Del orden de 3000 a 4000 anuales. Para hacerse una idea, el doble que en Galicia. Estas cifras incluso llegan hasta los 5000 en las zonas más elevadas de la cordillera panameña.

Si no fuera por estas precipitaciones ¿Cómo iba a estar tan verde?. Toda la costa es una continuación de selva impenetrable. Sus pobladores indígenas han convivido con las lluvias durante siglos y han aprendido a tener una actitud paciente y conformista. Han vivido en las orillas y las zonas bajas de los ríos. Nunca se asentaron en las montañas que se mantienen con nubes y brumas casi todo el año.

He visto a los indios actuar como si nada bajo un chaparrón, empaparse hasta los huesos con una actitud indiferente. Sin duda, ayuda que hace calor y van medio vestidos. No llevan calzado, se embarran y se limpian con la misma rapidez. Se estrujan la camisa y siguen tan panchos. Para nosotros, con nuestro caro equipo (cámaras, teléfonos, etc) la lluvia es un impedimento que te hace apañártelas como puedes, usando bolsas plásticas para todo, teniendo cuidados continuos y maldiciendo al día siguiente cuando te vuelves a poner las caras y pesadas botas que llevan días mojadas y no hay manera de secar.

En mi caso, esta lluvia que no cesa, que lo cubre todo, que la escuchas durante toda la noche, un día si y otro también, me provoca una existencia dura. Limita las actividades, lo hace todo incómodo y consigue desesperarme. Vengo de una parte del mundo soleada y donde se juega en otros tiempos. Allí no cabe la expresión “-limítate a esperar y tan solo contempla”. 

 Al preguntar a los lugareños ”- ¿Cuándo deja de llover en este país?” solo recibo respuestas vagas y una sonrisa que esconde -otro gringo desesperado por la lluvia- Los optimistas responden que pronto se acabarán, que ya entra el verano, aquí llaman verano a la época “seca”. Los pesimistas te sueltan que esto es así hasta pasados muchos meses por delante. Los nostálgicos que no me queje que ya no llueve como antes. Y en general, la mayoría se extraña de que pregunte por algo tan banal. En esta tierra puede llover todos los días del año, y se vive con ello, ¡Qué más da lo que haga mañana !. ¡Si ni siquiera hay un servicio meteorológico que prediga el tiempo!. O al menos no lo comunican en los medios. Sería una pérdida de dinero y esfuerzo, puede llover, salir el sol y seguirle una tormenta en cualquier momento del año. ¿Para que contar lo que es obvio?

En fin, aquí estoy, y no puedo sino pensar en lo que haré cuando llegué el sol, se abra el cielo y la luz lo llene todo de verdes y turquesas. Aunque cuando el calor lo golpee todo, seguramente echaré de menos esas noches frescas y las brisas húmedas que llenaban todo con una temperatura embriagadora. Aún con un cielo gris y siempre de la mano del paraguas.