Crujen las amarras

Crujen las amarras

Las amarras crujen y los veleros se sienten inquietos. El suave balanceo de lado a lado les presagia olas y viento ahí fuera. Unos se muestran altivos, con ganas de salir a encontrar lo que anhelan, otros más respetuosos se mueven en silencio, queriendo pasar desapercibidos.

Entre ellos están las horteras motoras, cada cual más grande y ostentosa. Miran de reojo temblorosas un mar ahí fuera para el que no están hechas. Se construyeron para unos dueños que no saben nada de navegar, son castillos plásticos que amenazan con desmontarse con una buena ola o un mar como dios manda.

Me entristece ver a sus tripulaciones que no hacen más que limpiar y sacar brillo a unos monstruos inútiles, fruto de este mundo consumista y vacío. Con nombres como “dangerous and fun” solo reflejan al hombre de nuestro tiempo.

Un velero, por pequeño y malo que sea, brinda respeto y prolonga el espíritu de esos marinos que desde siglos se enfrentaron y vivieron el mar.

Yo estoy en un velero clásico que ha conocido más mares, temporales y puertos que todas las ruidosas máquinas que me rodean. Con 50 años de navegación tiene miles de muescas en sus maderas fruto de aventuras, excesos, borracheras, pasiones y miedos. Algo a lo que estas inertes motoras que me rodean nunca podrán siquiera soñar… no llegarían.

regataboyaAhora me toca irme a dormir entre crujidos de amarras y el olor a maderas de otro siglo. A soñar con otros mares y otras aventuras… Su balanceo me sosegará.